Libres y empoderadas

Libres y empoderadas

miércoles, 13 de enero de 2016

COMUNICADO POR LA CANCELACIÓN DEL CONCIERTO DE COSTA


El machismo mata. Los machistas han asesinado este año, según las cifras reconocidas por las autoridades, a 56 mujeres. Sabemos que son más. Y que también se ha llevado por delante a menores y hombres. El machismo no es una broma, es un problema muy grave y que nos afecta a todas las personas.

El machismo no empieza por casualidad, ni de manera espontánea. El machismo, ese que acaba matando, empieza en las formas más sutiles y se propaga dentro y fuera del hogar. Y encuentra en la cultura una vía excelente de difusión. En el caso del rapero Costa, la sutileza brilla por su ausencia: sus letras no provocan, asquean. Sus rimas no hacen reflexionar, producen una profunda nausea a todas aquellas personas que conocemos la gravedad de cosificar a las mujeres, de utilizar palabras como “puta” o “zorra” para hablar de las mujeres. El rapero Costa hace apología de la Violencia Machista: se jacta orgulloso en sus canciones de ser un violador, de pegar y golpear a las mujeres, de negarse a utilizar preservativo. Retrata a las mujeres como seres inferiores, incita al odio, a la violencia. Y su mensaje cala.

Es por ello que consideramos que tanto él como cualquiera que defienda estas posturas deben estar alejados de los escenarios. Debemos dejar claro que no toleramos en ningún caso sus agresiones verbales ni la imagen del hombre y la mujer que promueve. Y es por ello que queremos agradecer y reconocer a la Sala Óxido su comportamiento ejemplar al cancelar el concierto de Costa cuando se les informó del contenido de sus “canciones”, demostrando así que la escena musical de Guadalajara no será la vía de difusión de ninguna idea machista, racista, homófoba o capacitista mientras podamos evitarlo.

 MUJERES LIBRES GUADALAJARA

jueves, 10 de diciembre de 2015

#DESMONTANDO EL PATRIARCADO: "EL PATRIARCADO CAERÁ CUANDO CAIGA EL CAPITALISMO".


Me cuentan, querido amigo, que la lucha feminista es una lucha innecesaria, porque cuando acabemos con el capital, el machismo desaparecerá y sólo será un mal recuerdo. Me dicen además que luchando por la igualdad de género evidenciamos una falta de conciencia y que dividimos la LUCHA, la de verdad, la buena.
Y yo me pregunto muchas cosas, querido. Me pregunto de dónde viene el machismo, a qué se debe. Me pregunto dónde está la mitad de la población en tu imaginario político y cómo tú y un buen número de HOMBRES habéis llegado a la misma conclusión. Me pregunto también cómo queréis acabar con el capitalismo ninguneando y en algunos casos hasta maltratando a la mitad de vuestra clase. Y no puedo evitar preguntarme por qué coño me tengo que esperar a que se termine una opresión para que me traten como una igual. ¿O es que estás esperando a que se instaure la dictadura del proletariado para dejar de llamarme “puta”? ¿No puedes dejar de ocupar el espacio hasta que no caiga el último patrón? ¿Nos seguirán infantilizando hasta que se socialicen los medios de producción? Y digo yo ¿Por qué no empiezas a hacer todo esto YA?
El día en que todos los proletarios del mundo se unan, se acaben las clases sociales y expropiemos los medios de producción, el día que desaparezca el Estado y construyamos al fin el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones… ese día NO acabará la opresión de las mujeres. Sería un súper-combo perfecto y ya nos gustaría a nosotras, pero no cuela. Los obreros también violan, también amenazan, también menosprecian. El machismo es la consecuencia de un sistema patriarcal, que es independiente del sistema económico, por más que sepamos que efectivamente, el capitalismo es un sistema opresor y asesino y que ambos operan en connivencia, retroalimentándose. La lucha feminista es por lo tanto igual de importante que la lucha anticapitalista, y la lucha contra cualquier otro tipo de opresión, y esto es algo que deberíais comprender cuanto antes porque corréis el riesgo de quedaros sin efectivos.
 “No soy feminista, soy anarquista/comunista” es una frase estrella, pero ¿sabes una cosa? No es algo excluyente. En serio, puedes ser feminista y lo que tú quieras (menos capitalista, que no cuela). Es más, deberías ser feminista si luchas contra la opresión… que tu género sea el que ejerce la opresión no significa que tú debas ignorarla. Si no te consideras feminista igual deberías revisarte la ideología, aunque “revisionista” sea una palabrota muy fea. 
A algunos os he oído también decir, “compañeros”, que vosotros sólo veis personas, que la igualdad es algo que tenéis tan asumido que no diferenciáis entre hombres y mujeres, y eso me desconcierta. Supongo entonces que tenéis tal capacidad de crítica, auto-revisión y aislamiento de las construcciones sociales que sois capaces de superar y obviar la educación que habéis recibido, los mensajes de los medios y la cultura y a vuestras propias compañeras que se definen como mujeres. Pero me desconcierta aún más que viendo sólo personas actuéis simple y llanamente como MACHOS.
Que no, amigo, que no, que me entusiasma tu idealismo, que me alegro de que seas tan tan inteligente y capaz que tú solito hayas derrocado el patriarcado en tu interior, pero la lucha feminista es necesaria, urgente y transversal. No somos las feministas menos anarquistas, menos comunistas, menos antifascistas y anticapitalistas; no dividimos la lucha porque solo hay una lucha, sois vosotros los que veis luchas opuestas, los que os empeñáis en hacer del feminismo una cuestión de segunda sin querer comprender que es una cuestión de clase y que sin feminismo no hay revolución.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

#DesmontandoElPatrarcado: "¿Y las denuncias falsas?"




“Es que hay mujeres que denuncian en falso”
Es una frase tan, tan pero tan hiriente, que no sé ni por dónde cogerla.
La respuesta “fácil”, la respuesta “cómoda” es centrarme en los datos estadísticos. Sobre eso, no hay duda, no hay dilema: las denuncias que se tipificaron como falsas en violencia de género no superan el 0’01% -datos del CGPJ entre 2009 y 2013-.
No voy ni a molestarme en comparar con denuncias falsas en otros delitos como, por ejemplo, robo con violencia (aunque me ha impresionado el dato de que en 2014 en Valladolid el 60% de las denuncias de robo con violencia fuesen falsas, sólo como curiosidad eh, no os pongáis susceptibles).

Y habrá quien me diga “pero niña (sí, últimamente me llaman mucho niña, ¿por qué será?) si hay un montón de denuncias que se archivan y mujeres que no declaran... eso significa que son falsas”. Vamos a ver, despacito y buena letra: precisamente hay un montón de denuncias que se archivan porque vivimos en un sistema altamente garantista con los agresores de manera que, si no hay pruebas “contundentes”, el caso se archiva;  no  es que sea una denuncia falsa, es que no hay pruebas suficientes como para decidir a favor o en contra.

Y ahora vamos con la pregunta del millón: ¿pero por qué no hay pruebas? ¿por qué hay muchas mujeres que no declaran? ¡Ay madre! que os voy a descubrir la gran verdad sobre la violencia de género en pareja: se da en la intimidad. 
En la intimidad: donde el agresor considera que tiene impunidad y derecho; lo que toda la vida se ha llamado lo privado o, acercándonos al refranero, eso de los platos sucios se lavan en casa. Y vamos a rizar el rizo: cuando no hay violencia física, sino psicológica, aunque te dicen que es denunciable y que no te calles, resulta que vas a un juzgado diciendo que te llama puta o que continuamente te controla con quién hablas o qué haces, y de repente, delante del juez, el fiscal, los abogados (tendrás suerte si hay una mujer más en la sala) te encuentras justificándote, intentando no parecer una histérica -eso que él te dice que eres todos los días de tu vida-, mientras que él se mantiene con esa sangre fría, negando con la cabeza. Y te dicen que es tu palabra contra la suya, que no se pueden gastar los recursos en estas tonterías. Y te vas a casa –con él- y aún nos llevamos las manos a la cabeza cuando meses después, apareces “muerta” en tu casa. ¡¡Si nunca te había pegado!!¡¡Si archivaron tu denuncia, mentirosa!!

Es aquí donde me importan una mierda los datos estadísticos. Porque nadie que no lo haya vivido podrá entender lo que significa poner una denuncia a tu pareja, al (que algún día será) padre de tus hijos, al que se supone que libremente elegiste querer.
Quien diga que las mujeres denuncian en falso no pueden ni imaginar lo duro y lo doloroso que es ir a una comisaría a decir “este hombre al que quería –al que quiero, a veces- tanto, este hombre que me dijo que me cuidaría y me mimaría como nadie lo había hecho hasta ahora, me está arruinando la vida. No como, no duermo, no puedo ni pensar, porque sus palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza: no valgo, lo hago mal, soy una inútil, o una lista de los cojones, soy una zorra, mis amigas son unas putas que sólo quieren malmeter, mi familia nunca me ha apoyado...”. Le he querido –le quiero-, le he abrazado, me he acostado con él -a veces por amor a veces con miedo-, nos hemos ido a vivir juntos, nos hemos casado, hemos tenido hijos. Y aquí estoy, delante de un guardia civil/de un policía, poniendo por escrito todo el daño que me ha hecho la persona con la que he elegido estar. Me siento tonta, me siento ridícula, me siento culpable, dudo si después de tanto sufrimiento él va a cambiar y yo voy a rendirme ahora. Y por encima de todo, sigo pensando en cuidarle, me preocupa arruinarle la vida.

Porque cualquiera que escuche cinco minutos a una víctima de violencia de género, oirá eso: "no quiero meterle en líos, no quiero perjudicarle, sólo quiero vivir tranquila".
No olvidemos que no se trata de un desconocido, un desgraciado que te ha atracado y quieres que le pillen y le encierren. No. Se trata de alguien con quien has pasado momentos maravillosos (casualmente justo antes o después de haberte insultado, ninguneado, ignorado), de alguien que te ha prometido que sólo se le ha ido de las manos pero que va a cambiar. Se trata de alguien que te ha hecho sentir tan culpable y tan miserable que dudas si no serás tú la que le maltrataba a él.

Con todo esto, le detienen. Y llegas a un juzgado. Posiblemente no hayas hablado con tu abogado antes de ese momento, puede que en tu vida hayas visto un juzgado por dentro. Y te piden que cuentes todo, con pelos y señales, mientras él clava su mirada en tu nuca. Sientes su respiración, tú, que conoces mejor que nadie sus gestos y sus silencios, puedes sentirlo detrás de ti. Y con todo ese pánico en el cuerpo, esperan que seas coherente, que describas con detalle fechas y palabras.
Todo esto, si llegas a entrar a la sala. Porque infinidad de veces tu abogado te pregunta si estás segura, que le puedes arruinar la vida, que ha hablado con su abogado y está arrepentido y le ha dicho que si es lo que quieres, te va a dejar tranquila. Cree que estaba llorando.
Se me olvidaba que en este lapso de horas, has hablado con tu familia y puede que te hayan dicho que si no has exagerado. También se me olvidaba que durante meses, si no años, la gente por la calle te va a preguntar “mujer, ¿pero qué has hecho? Si parecíais tan felices, pobre hombre...”. Te van a preguntar si no has pensado en el tiempo que llevabais juntos, en el bienestar de los niños (¡y los niños! ¡¿es que nadie piensa en los niños?!), te van a acusar de haber denunciado para divorciarte más deprisa (¿?) o si lo has hecho para tener una paguita (¡¿?!) ...
Te van a poner en duda personas de tu familia, algunas amistades, las fuerzas de seguridad, en el juzgado,...Te vas a poner en duda tú misma. Y durante tiempo, te vas a sentir como una auténtica mierda.

Y ahora es cuando vuelvo a preguntar, ¿alguien cree que una denuncia así se puede poner en falso, sólo para molestar? ¿alguien pasaría gratuitamente por todo ese sufrimiento pudiendo romper una relación de forma amistosa? 

viernes, 13 de noviembre de 2015

CRÓNICA 7N




El pasado siete de noviembre un número indeterminado de personas (esta información no ha transcendido y los medios sólo hablan de “multitud”) nos reunimos en Madrid para poner en evidencia la gravedad de un problema que nos afecta cada día, el de la violencia machista en todas sus expresiones, y que se culmina, como tristemente vemos cada semana, con el asesinato de mujeres.

Como sabemos, el leitmotiv de la convocatoria era elevar al Gobierno la petición de que las violencias machistas se conviertan en una “cuestión de Estado”. Lo cierto es que el Estado, ese supuesto garante de seguridad y libertad individual, parece estar más interesado en reprimir y encarcelar por razones ideológicas y defender su “unidad” sobre la base de un papel de tintes decimonónicos que en atender los reales y urgentes problemas que el Estado español presenta. 


Controlar, humillar, vejar, insultar,
 menospreciar, ya tal.
Somos conscientes de que el trabajo que tenemos por delante es arduo y requiere tiempo y dedicación. Es un trabajo diario, desde abajo, entre iguales. Con buena intención, pero imbuidas de prejuicios machistas y patriarcales, algunas personas portaban carteles y coreaban consignas que, lejos de suponer un mensaje de ánimo y apoyo, suponen una inversión de la culpa y hacen recaer sobre la víctima la responsabilidad de las agresiones que sufren. Es esencial hacer comprender a la sociedad que los asesinatos machistas no son producto de la locura o maldad de un individuo, sino la consecuencia más extrema de este sistema que privilegia a un género sobre otro en todos los aspectos de la vida.


Lo más bochornoso del oportunismo
Lo importante de esta convocatoria no está en el Estado. Tampoco en las siglas manchadas de complicidad con el patriarcado, ni en el oportunismo de candidatxs que coparon las noticias y las fotografías de los medios y que, como no ignoramos, se suman a cualquier iniciativa de la que puedan obtener algún rédito político. Y no, lo más importante, por mucho que les extrañe, no eran esos hombres que haciendo gala de su masculinidad quisieron (o no pudieron evitar por la fuerza de la costumbre) copar una manifestación en la que, como gritamos hasta la saciedad, el protagonista debería haber sido el movimiento feminista.

Lo importante de esta convocatoria es que cada vez más personas somos conscientes de que el patriarcado es un sistema opresor y asesino; que el compañerismo y la sororidad nos hacen fuertes; que el feminismo llegó para quedarse y sacudir el patriarcado; que las mujeres no están solas, ni quietas, ni sumisas.

Y con este convencimiento nos reunimos cerca de 90 personas en Guadalajara el miércoles, tras un fin de semana en el que los terroristas machistas habían vuelto a actuar. Entendemos que no es producto de la casualidad que tras la mayor demostración de repulsa a la violencia de género se sucedieran en pocas horas siete asesinatos. Es la reacción brutal de quien se sabe amenazado, de quien sabe que su poder se tambalea. Por eso gritamos que la lucha sigue, cada vez con más compañerxs implicadxs en ella y sobre todo que
 

SI TOCAN A UNA, RESPONDEMOS TODAS

lunes, 2 de noviembre de 2015

DESMONTANDO EL PATRIARCADO. SI QUEREMOS IGUALDAD, ¿POR QUÉ NOS JUNTAMOS EN ESPACIOS NO MIXTOS?


¿POR QUÉ TENEMOS QUE JUNTARNOS EN ESPACIOS NO MIXTOS SI NUESTRO OBJETIVO ES LA IGUALDAD?
 

Cuentan que una vez un hombre pidió asistir a una asamblea de mujeres, preocupado por la opresión que estas sufrían por parte del patriarcado, y cuentan incluso, que asistió y su voz no fue la más escuchada en la misma, por último cuentan que ¡se cuestionaba sus privilegios como hombre! y es más ¡¡¡trabajaba y se esforzaba para perderlos!!! Suena a cuento realmente ¿verdad?

Dado que lo anteriormente contado, efectivamente es algo irreal, que pasa en ocasiones muy puntuales, porque excepciones siempre las hay, no decimos lo contrario. Creemos que no es necesario justificar la existencia de los espacios no mixtos, debería de bastar con decir que nos gusta, lo vemos una herramienta útil para nosotras, y estamos muy a gusto en él.

Después de pasar toda la vida acudiendo a asambleas, reuniones o demás espacios públicos a escuchar los gritos de hombres enfurecidos (porque siempre parecen enfurecidos, no entiendo por qué), de ver como se interrumpen constantemente unos a otros (increíble cómo pueden aclarase a discutir así), de ver como se levantan de la silla y gesticulan exageradamente (con lo cansado que debe ser esto), después de mucho tiempo en esos espacios, por fin uno donde no  suceden esas cosas, donde no hay que mostrar una actitud agresiva, ni gritar, ni gesticular fervientemente al hablar. Un espacio compuesto solo de mujeres muestra otro tipo de dinámicas, se convierte en un espacio mucho más cómodo para nosotras, un lugar desde el cual tomar conciencia de la masculinización de otros espacios, de la necesidad de cambiar esto (y otras cientos de cosas, la lista es infinita vaya) y un lugar donde coger fuerzas para enfrentarnos a un mundo construido para ponérnoslo difícil.

Siempre han existido señores y esclavos, obreros y burgueses, oprimidos y opresores (o como sea la frase), y siempre los esclavos, campesinos, obreros, oprimidos varios, se han organizado en grupos sin contar con sus oponentes (y sin contar mucho con nosotras dicho sea de paso), y siempre lo hemos visto natural. Somos conscientes de la necesidad de que los grupos oprimidos hagan piña para analizar su opresión y proponer estrategias de lucha para superar esta. Pero cuando las mujeres nos juntamos para hacer piña, grupo, analizar nuestra opresión y elaborar estrategias para superarla ya no nos parece tan natural, nos parece hasta mal, y se nos dice que esta feo eso de juntarse sin contar con los compañeros. Ya nos vale a las mujeres organizarnos sin contar con los hombres, ya les vale a los obreros no llamar a sus jefes a sus asambleas para juntos proponer una solución, que diferente suena ¿no?

Y es que ya nos vale a las mujeres, ni que la historia no nos hubiese enseñado nada, mujeres cabezotas que nos empeñamos en luchar por nosotras mismas sin contar con los hombres, con lo que nos han ayudado anteriormente. Primero los abolicionistas les dijeron a las sufragistas: “mujeres que queréis el voto luchad con nosotros por la abolición de la esclavitud y por el derecho de los negros a votar, y nosotros lucharemos por conquistar vuestro voto”, y las mujeres lucharon y los negros consiguieron el voto ¿Y las mujeres?; luego los obreros les dijeron a las obreras:  “obreras del mundo luchad con nosotros para acabar con el capitalismo, y el patriarcado desaparecerá también”, y las obreras lucharon por superar el capitalismo e incluso en alguna parte se dieron pasos importantes en su superación ¿Y las mujeres?. Dos veces vale, podemos caer, pero ya una va adquiriendo algo de experiencia en estas cosas y se va fiando menos.

Hombres que estéis ahí si de verdad tenéis tanto interés en nuestra lucha pensároslo dos veces antes de gritar en una reunión, pensároslo dos veces antes de estigmatizar a una mujer porque haga un libre uso de su cuerpo y su sexualidad, pensároslo dos veces antes de intentar invisibilizarnos…

No queremos excluiros de nuestra lucha, simplemente queremos liderarla nosotras.

viernes, 30 de octubre de 2015

Comunicado y convocatoria al 7N

El próximo 7 de noviembre la Coordinadora Feminista de Valencia ha convocado, en Madrid, una marcha estatal contra las violencias machistas, a la que se han adherido numerosos colectivos y organizaciones feministas de todo el Estado y parte del extranjero, para denunciar las violencias machistas y hacer un llamamiento a que la lucha contra la violencia de género sea una cuestión de Estado. Nosotras, la asamblea Mujeres Libres de Guadalajara, acudiremos a la cita en Madrid para denunciar junto a nuestras hermanas de distintos pueblos del Estado español la violencia que sufrimos las mujeres y las personas con identidad de género no normativa en todas y cada una de sus formas. Creemos de vital importancia visibilizar esta situación y hacer comprender que la violencia de género no es solo la que deja marcas en la piel o cifras de asesinatos, sino que es una problemática estructural mucho más amplia y bien arraigada en nuestra sociedad gracias al PATRIARCADO que la sostiene y la legitima.

Rechazamos cada agresión verbal, psicológica, económica, física, sexual o simbólica contra las mujeres y denunciamos el silencio o la complicidad mediática y la pasividad de las instituciones. Sin embargo, consideramos que la respuesta a la violencia de género no puede venir de arriba, que el feminismo debe de ser de base y de clase, y que demandar a “papá Estado” la atención que merece esta situación tan sangrante es pecar de optimismo e ingenuidad. El Estado es un poder fáctico, un engranaje fundamental de este sistema, su esencia es patriarcal y capitalista y, como tal, genera, perpetúa y legitima estas desigualdades. La transformación social ha de venir de las personas, nos toca a nosotras tomar y crear conciencia de género, visibilizar sus violencias, enfrentar sus agresiones y tejer lazos de apoyo entre nosotras: la solidaridad y la sororidad son nuestras aliadas.

De las instituciones solo podemos esperar que se laven la cara y finjan que les preocupa el asunto mientras recortan ayudas para las víctimas, lanzan campañas contra la violencia animando a la víctima a tomar precauciones y llevar silbato, o desvirtúan el día de la mujer trabajadora con cursos de aerobic y descuentos en moldes para galletas. Se acuerdan de nosotras solo de cara a  las elecciones o cuando el feminismo puede darles la oportunidad de sacar brillo a sus oxidadas siglas, porque es muy de demócratas defender la igualdad de género de cara a la galería. Pero feminista hay que ser todos los días, no cuando el interés aprieta, no solo en las fechas señaladas, o cuando se tiene la oportunidad de subirse al carro de un trabajo de base y anotarse un tanto convocando a la marcha al margen del feminismo local.

Nos desvinculamos de cualquier organización política que de forma hipócrita acuda a la marcha y señalamos al Estado como parte del problema y no de la solución.

Feminismo sí, pero desde la calle.
¡Contra la violencia patriarcal, auto-organización y sororidad!

Desde Guadalajara acudiremos juntas a Madrid.
Mujeres Libres convoca a las 10:20h en la estación de RENFE.
Sé más horizontal. Madruga menos.

 ¡Vente con nosotras!


viernes, 9 de octubre de 2015

DESMONTANDO EL PATRIARCADO. 4. "EL LENGUAJE NO ES MACHISTA, LA QUE ES MACHISTA ES LA SOCIEDAD"


Desde el movimiento feminista hemos venido convirtiendo en asunto central la cuestión del lenguaje y por tanto no pueden faltar los machitos que tratarán de ridiculizarnos cada vez que tomemos la palabra para defender la posibilidad de un lenguaje que desafíe y deslegitime el lenguaje androcéntrico heredado. Haciendo uso de uno de sus argumentos favoritos, nos espetarán que deberíamos emplear nuestro tiempo y nuestras energías en luchar por cambiar las estructuras sociales materiales que colocan a las mujeres en un segundo plano (la desigualdad salarial, la violencia de género, el derecho al aborto, etc.) en lugar de ocuparnos de “chorradas lingüísticas”. Porque ellos, una vez más, saben mejor que nosotras el camino que ha de seguir el feminismo y por eso no pueden evitar darnos lecciones sobre el hecho de que el lenguaje es neutro y natural porque, claro está, nos ha caído del cielo. Porque la que es machista es la sociedad que produce el lenguaje, no el lenguaje en sí. Y ya con eso se justifican y se lavan las manos.
Pues bien, machirulo fan de la RAE, quizá te lleves un chasco cuando te enteres de que combatir la violencia material y la violencia simbólica no es incompatible, y de que no hay necesidad de elegir entre una u otra porque se relacionan entre sí. Cuestionar la discriminación lingüística parte del reconocimiento de que más allá de las estructuras materiales encontramos estructuras de dominación patriarcal en las propias bases del razonamiento, y en ellas se encuentran los procedimientos lingüísticos a partir de los cuales se producen los significados. Pensamos con palabras y por tanto el lenguaje cumple una función central en la construcción social de la realidad porque determina nuestra visión del mundo. Como producto cultural, sabemos el lenguaje no puede ser neutro, sino que refleja la ideología dominante, y esta es androcéntrica y patriarcal.
Lo que no se nombra, no existe, y las personas de identidades de género no hegemónicas han sido excluidas a lo largo de los siglos de las estructuras de poder, pero también de las representaciones discursivas y del repertorio de significados de las lenguas. Transformar el lenguaje en aras de no invisibilizar ni excluir ninguna identidad de género implica también modificar los modos de pensamiento.  A lo mejor te molesta tanto el lenguaje no sexista porque pone en jaque tu posición dominante y cuestiona los privilegios de la sociedad patriarcal en los que se basa tu poder.
No contento con esta explicación, nos dirás: “pues Noséquién es mujer y no se siente discriminada por el lenguaje”. Y es que resulta que percibir y sentir la discriminación en el lenguaje no depende de si se es él, ella o elle, sino que tiene que ver con tener conciencia de género, que no es atribuible en virtud de esencialismos. El lenguaje y los valores patriarcales que transmite se han ido construyendo de acuerdo con la visión de los grupos de poder dominantes, que han impuesto sus valores como únicos y objetivos, y por tanto estos valores se convierten en naturales. Es necesario realizar un ejercicio de replanteamiento, de cuestionamiento de los valores y de toma de conciencia para ser capaces de someter a crítica la ideología que subyace a los mecanismos lingüísticos que cotidianamente utilizamos.

Así que no vengas a decirnos cómo tenemos que hablar o escribir si ni siquiera te has cuestionado la posición que tú mismo ocupas en la estructura.